I.I.Q.Q
02-04-2019
Al chico que prefirió elegir sus miedos antes que a mí.
Porque yo, al fin y al cabo, era demasiado.
Yo era todo lo contrario a él. Inquieta, con un desastre
increíble tanto en la cabeza como en el corazón, con el insomnio durmiendo
conmigo cada noche. Yo no era lo que él buscaba, yo era incluso más.
Yo estaba dispuesta a darle lo que me quedaba de amor ajeno
a sus pupilas, a tirarme sin paracaídas, a intentar, aunque fuese, volverme a
enamorar. Volver a lanzarme en los brazos de alguien, sabiendo cuánto puede
doler irse de bruces contra el suelo.
Quería regalar oportunidades como quien regala sonrisas,
pero a mí me salieron caras. Esta vez no tocó cruz y ambos salimos perdiendo.
Hablo de mí y de mi corazón.
Estaba dispuesta a hacerle numen, a hacerle poesía, estaba
dispuesta a saludar a sus miedos de frente, acariciarles la espalda y dormirles
para que le dejaran tranquilo.
Estaba dispuesta a tanto en tan poco, que la ilusión sonó
como un vaso al caer al suelo. Fue el mismo sonido desgarrador y a la vez
inquietante.
Por una vez en mi vida, me quise arriesgar, me quise quedar,
quise coger el coche y aun sabiendo que iba sin frenos, acelerar. En esa curva.
En esa maldita curva que formaba su boca.
Pero no.
Ese chico prefirió elegir sus miedos antes que a mí, y
ahora, cuando se ha dado cuenta de que yo podría haberme hecho amiga de ellos,
vuelve.
Y no, ahora es tarde.
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